lunes, 26 de junio de 2017

Mis películas favoritas de 2016.

Como nunca es tarde se la dicha es buena, aquí está la ansiada lista de las películas favoritas de uno de los cinéfilos más influyentes de la blogsfera, yo mismo. Sé que es muy tarde, pero como aun no ha trascurrido la primera mitad del año siguiente, me digo a mi mismo que con eso basta y todo arreglado.
Primero de todo una aclaración. Debido a mi atareada vida personal, (que en breve se va a atarear más) esta va a ser la primera vez que incluya en la lista películas, que por falta de tiempo, ni de interés, no he incluido en el blog, pero que merecen un lugar especial entre lo que más he disfrutado el pasado año. Si se alinean los planetas, quizás algún día las comente por aquí tal y como se merecen.
Antes de meterme con la lista en si misma, me gustaría comentar unas cuantas películas que me han decepcionado. Como ya he comentado en otra ocasión, es lo peor que te puede pasar, que algo en lo que habías depositado expectativas te deje frio, o desencantado. En esa categoría entrarían  "Anomalisa", "El renacido", "Los odiosos ocho", "Esperando al rey", "Mi amigo el gigante" , "Escuadrón Suicida" o "Midnight Special", películas que prometían mucho más, y que quedaron, en el mejor de los casos en cosas tibias, cuando no abiertamente fallidas.
  
Por otra parte están las película que podría haber incluido en la lista,y que se quedan fuera de ella por poco, pero que merecen una mención. En esta categoría entran las muy estimables "El libro de la selva" y "Buscando a Dory", las divertidísimas "El hombre de las mil caras" y "Dos buenos tipos", la reivindicable (aunque discutible ideologicamente) "13 horas" del impredecible Michael Bay, la simpatica "13 Calle Cloverfield", la interesante "La bruja", las intensas "No respires" y "La invitacion", o la muy efectiva "Capitán América: Civil War". Y en el terreno de las series la entrañable "Stranger Things" (sin duda el fenómeno televisivo del pasado año) o la interesante aunque algo irregular "The Night manager".

Y ahora vamos con las elegidas.

10) "La visita" de Dennis Villeneuve. Una interesantísima película de ciencia ficción reflexiva y con un punto intimista que no desdeña el espectáculo. Quizás ha sido algo sobre valorada, ya que el guión tiene algún que otro agujero que desluce el conjunto e impide que alcance el nivelón de la preterita "Sicario" de Villeneuve, pero sin duda, es una gran película.








9) "Doctor Extraño" de Scott Derrickson/ "X-Men: Apocalipsis" de Bryan Singer. El que hace la ley hace la trampa. No puedo preferir una sobre otra las mejores películas de superheroes del año pasado. En el caso del Hechicero Supremo, me sumo a la corriente generalizada que la alaba como un blockbuster modélico a todos los niveles: interpretación, guión, espectacularidad, humor, emoción... Nada que añadir. En el caso de los mutantes, ya me quedo más solo. Y es que la gente se ha dedicado a darle estopa a esta cinta, a mi parecer del todo inmerecida, máxime, cuando es bastante superior a la mecánica "X-Men: Días del futuro pasado": con una ambientación ochentera simplemente fascinante, captura el tono del tebeo a la perfección,  y presenta algunas secuencias memorables, como el inicio y la batalla final. Esperemos que el tiempo la ponga en su lugar.


8)  "La doncella" de Park Chan-Wok. Una divertidísima película que peca de excesiva metraje y de reiterarse en exceso, pero que sigue manteniendo a Chan-Wok como uno de los realizadores más preciosistas y juguetones de la actualidad: el De Palma del siglo XXI.









7) "Tarde para la ira" de Raul Arévalo. Considerada por los Goya como la mejor película española, aunque no estoy de acuerdo, se trata sin duda de una estupenda película, que confirma a Raul Arevalo como un cineasta al que hay que seguirle la pista, y a Antonio de la Torre como uno de los mejores actores españoles.



6) "Spotlight" de Tom McCarthy. La ganadora del Oscar no era la mejor película de las que optaban, pero es sin duda una cinta muy solida. La película se sostiene sobre un reparto en estado de gracia y un guión milimetricamente trabajado, pero eso no quita para evaluar en su justa medida la realización de McCarthy, discreta, pero con soluciones trabajadas y efectivas cuando lo precisa.






5) "Bone Tomahawk" de S. Craig Haler. Una gran película que no ha conocido casi distribución y que se enmarca dentro del ignoto género del western de terror. Probablemente la mejor película fantástica del año sin llegar a serlo del todo, con un tono cercano a Hawks y su discipulo Carpenter y reminiscencias de cintas de supervivencia como "Depredador". Una joya a descubrir y reivindicar, que si no ha sido reseñada aquí ha sido por falta de tiempo.



4) "Animales Nocturnos" de Tom Ford. Cuando parecía que Tom Ford iba a ser algo fugaz va y se descuelga con otro peliculón, superior aun a la ya estupenda "Un hombre soltero". Más trabajada y ambiciosa, hace que esperemos el siguiente trabajo de este hombre con muchas ganas.









3) "Que Dios nos perdone" de Rodrigo Sorogoyen. A pesar de que la competencia era muy dura, el mejor thriller español del pasado año. Un relato duro y seco, brillante tanto en los momentos de intimidad como en las secuencias de persecución y excelentemente interpretado por Antonio de la Torre (otra vez) y Roberto Álamo. Otra película de la que me gustaría hablar por aquí si el tiempo me lo permite. No perdersela.






2) "La gran apuesta" de Adam McKay. ¿Puede una película de Hollywood ser de denuncia, didáctica, divertida y dinámica a la vez que enormemente amarga en su trasfondo? No es nada sencillo, pero esta estupenda película es la prueba palpable de que si.









1) "Elle" de Paul Verhoeven. Me remito a lo que dije en su día. Una obra maestra del primer plano (ese gato mirando a su dueña) al último (en un cementerio). Como siempre con este hombre, insuficientemente reconocida tanto por público como por crítica, aunque si lo bastante como para que no tengamos que esperar otros nueve años para disfrutar de su nueva propuesta, que al parecer, va sobre monjas lesbianas. Genio y figura hasta la sepultura.











martes, 13 de junio de 2017

Conocimiento carnal.


Justine llega a la universidad para estudiar veterinaria, siguiendo con la tradición familiar (su padre y su madre lo son, y su hermana está estudiando la carrera en el mismo centro que ella). Hija de un matrimonio de animalistas y vegetarianos militantes, idealista y un tanto ingenua, tiene una gran vocación y esperanza puesta en sus estudios, y nunca ha probado la carne, ni en sentido real ni en figurado. Una cruel novatada le hará entrar en contacto con ella, y su vida cambiará para siempre.

 A veces los astros se alinean y hay películas de género independientes que se estrenan en mi ciudad (aunque a ello no será ajeno que se haya encargado Focus Features, rama indie de Universal...). De cualquier manera después de haberme perdido en sala de cine cosas tan interesantes como "Bone Tomahawk", "La invitación" o  "La doncella" el pasado año, es una alegría haber podido disfrutar de esta maravilla en pantalla grande. Porque muy buena tiene que ser la cosecha cinematográfica por venir, para que "Crudo" no esté entre las tres mejores películas que voy a ver este año.


Es curioso, como en esta década, desde sitios tan distintos como Australia ("Badabook"), Estados Unidos ("It follows", "La Bruja") o Francia con este "Crudo", están llegando una serie de películas,  indisitintamente dirigidas por mujeres y por hombres, que partiendo del género de terror, proponen una interesantísima reflexión sobre la identidad femenina, y más especificamente, sobre su sexualidad. Y aunque son películas que parten desde presupuestos distintos y tiene objetivos bastante diversos, todas ellas tienen en común una fuerte carga de represión/frustración/desconocimiento sexual que se va apoderando de todo su mundo hasta un final que siempre, en mayor o menor grado, tiene algo de descubrimiento y catarsis. En el caso de "Crudo", su realizadora, Julie Ducornau, como ocurrió con la reivindicable "Mamá" readapta su corto de debut, que cosechó innumerables premios. Tampoco es que lo que plantea sea algo nunca visto antes, ya que hay muchos referentes: "Belle de Jour", "Marnie la ladrona", "Repulsión", "Carrie" o esa pequeña cinta de culto que es "May" de Lucky McKee. Pero a pesar de todo es de agradecer que desde el, muchas veces menospreciado por parte de la (supuesta) crítica seria, cine fantástico, se planteen reflexiones sobre la mujer mucho más audaces y realistas que aquellas provenientes de sectores (tambien supuestamente) serios, siempre tan panfletarios, reducionistas y sujetos a la moral imperante ellos.

La película se abre con una secuencia (estupendamente rodada en plano fijo) que es toda una declaración de principios: presenciamos un  aparatoso accidente de tráfico derivado del intento de un coche esquivar a un/una peatón suicida, algo ya de por si bastante dramático, que por la actitud del superviviente, se tornará en algo surrealista. Esa va a ser la tónica de la película: el lugar más mundano, puede ser el escenario de un desastre en cualquier momento, para posteriormente, cuando todo parece ya bastante complejo, revelarse en última instancia aun más sorprendente y retorcido.

Volviendo con las referencias, otros dos cineastas que no he citado que también están bastante presentes son Paul Verhoeven (que tantas veces ha tratado situaciones traumáticas como elementos catárticos y de maduración) pero sobre todo David Cronenberg. La sombra del genio canadiense es muy alargada, y no me refiero solo a lo que salta a la vista (todo lo relativo a la carne, viva y muerta) sino también a la manera de fotografiar espacios cotidianos como antesalas de la pesadilla, y en su manera de relacionar cuerpo y mente, pasión y reflexión, de manera contundente, pero a la vez elegante.

El inicio de la inocente Justine (excelente y entregada Garance Mariller) en la vida universitaria es retratada como la irrupción en una pesadilla desde el primer momento: su hermana mayor Alexia (no menos estupenda Ella Rumpf) no se presenta a recogerla, y sus padres parten dejandola sola en el aparcamiento desierto del campus. Como puede, arrastra sus pertenencias hasta su habitación para encontrarse que, en lugar de una chica como ella había demandado, le han puesto como compañero a un chico, gay eso si. Poco hay de la idealizada facultad de veterinaria soñada y tantos años prometida por sus padres. Pero lo peor está aun por venir. En mitad de su sueño nocturno, los estudiantes veteranos la harán despertar en una pesadilla. Tras arrastrarse semidesnudos en mitad de la noche por un campus fotografiado como un delirio surrealista, aterrizan en una fiesta con tintes de bacanal satánica, a la que la protagonista asiste con el mayor de los asombros. A partir de aquí la protagonistas vivirá un descarnado proceso de descubrimiento (interior y exterior) que tocará a su fin en los últimos compases de la película, con otra escena paralela, esta vez a la luz del amanecer, en el que los estudiantes veteranos les sacarán de la cama, igual o más desorientados que al principio para hacerles saber, en el mismo lugar en que todo se inicio, que su periodo de novatadas ha acabado: la pesadilla ha tocado a su fin. O eso parece.

El proceso de toma de conciencia y transformación de la protagonista será tanto físico comoemocional. En lo relativo a lo primero vuelve a aparecer Cronenberg, con la esa erupción cutanea que sufre la protagonista al poco de iniciarse las novatadas, y que se va descamando: la madurez, implica un estado anormal/patológico (en este caso la adolescencia/juventud) antes de renacer, tras mudar la piel, como adulto. Como tantas veces ha mostrado Cronenberg, una cuerpo y mente nunca van por separado. Unido con esta idea esta también la manera en la que la realizadora filma los cuerpos como entes en mutación y colisión perpetua, con total honestidad y sin ningún pudor. Dicha honestidad y visceralidad dicen que provocó desmayos y deserciones en algunas proyecciones, pero no creo que sea una película excesivamente gráfica, y desde luego, nunca exagerada ni gratuita. Así secuencias  que aparentemente lo son, como aquellas en que Alexia enseña a su hermana a orinar de pies como si se tratara de un hombre, tienen un trasfondo muy jugoso: no solo se trata de una manera bastante original de mostrar la complicidad entre las hermanas, sino que además es un modo de reflejar como la mayor va a ir descubriendole apetitos y facetas de su cuerpo que ella desconoce. Hay más momentos, de este tipo, pero que no desgranaré para no eliminar los múltiples giros de la trama. Solo llamar la atención sobre el sorprendente final, que hace replantearse todo lo visto hasta el momento, y que de nuevo pone a Cronenberg en la picota: las patologías/perversiones trasmitiendo a la descendencia a través de la genética.

Otro aspecto que llama la atención para bien es el sentido del humor que recorre de manera sutil peropersistente toda la película. A pesar de lo crudo (perdón por el chiste) de la película, hay en todo momento una visión irónica que hace más digerible (perdón otra vez) lo que estamos viendo, pero sin llegar a convertirlo en un mero juego, como ocurría con la recientemente comentada aquí "La doncella". Vease el momento en el que la protagonista prueba por primera vez la carne humana. Los momentos previos y el final de la escena provocan risas en la platea, sin embargo no invalidan la revelación y el shock que esto supone
para la protagonista. O la novatada que implica pintura y sexo, casi absurda, pero aun así tremendamente real A esto ayuda mucho la excelente música de Jim Williams, un completo desconocido para mí, que es capaz de saltar en el mismo tema musical de la euforia al terror para tornarse irónico y cerrar la secuencia con un tono melancólico. Y ya que nombro la música, hay un buen uso también de la música pop, con la sorprendente y reivindicativa "Plus pute que toute les Putes" de Orties, que juega un papel vital y preside una importante secuencia, y la recuperación de las muy reivindicables The Long Blondes.

Creo que me he extendido bastante y aun no le hago justicia a esta excelente película. Julia Ducornau se confirma como alguien a tener muy en cuenta y "Crudo" pasa a encabezar la lista de lo mejor que he visto en lo que va de año. Ojala alguna película la desbanque.


viernes, 26 de mayo de 2017

Sin bajar (casi) la guardia.



Los Guardianes de la Galaxia disfrutan de fama intergaláctica tras su victoria sobre Ronan, siendo muy demandados para resolver cualquier tipo de entuertos. Mientras intentan proteger al planeta de la raza de los Soberanos, las cosas se tuercen y acabarán cruzandose con Ego, el hasta ahora desconocido padre de Starlord.

Como ya he reflejado siempre que he tenido ocasión, "Guardianes de la galaxia" me parece lo mejor que ha salido del universo cinematográfico Marvel: irreverencia, humor, aventura y emoción como nunca se ha visto en las películas del estudio, todo ello además mezclado por un hombre proveniente del cine trash. El resultado no solo me fascinó a mí, sino a (casi) todos los espectadores del mundo, por eso el regreso del quinteto era esperado como agua de Mayo. Pero todos sabemos lo malo que es tener muchas expectativas...

El volumen 2 del título de esta secuela, podía haber sido un mero chiste referencial, pero una vez vista la cinta, queda totalmente justificado, ya que la película es enormemente continuista. Ya de primeras un cartel pone al tanto de que la acción trascurre solo 3 meses después y la situación de todos los personajes es basicamente la misma: no hay elipsis ni cambio en las personalidades y la dinámica de los personajes, algo bastante extendido en las franquicias cinematográficas desde el inicio de los tiempos. Esto es toda una declaración de intenciones por parte de Gunn, dejando claro que no quiere escatimar ni dejar a la imaginación nada de la evolución de sus personajes. Este amor por sus criaturas se nota en la gran cantidad de tiempo (casi todo el segundo acto) que dedica a justificar sus acciones y hacer que tengan alma, y a intentar (y casi siempre lograr) que el espectador empatice con ellos. Y ciertamente esto proporciona a la película sus momentos más destacados, con ese maravilloso final acompañado por
Cat Stevens. Otros momentos de relaciones que funcionan particularmente bien son todos los que involucran a Mantis (el descubrimiento de la película, tanto el personaje, mucho más carismático aquí que en los tebeos, como la interprete, Pom Klementieff), especialmente cuando interactua con Drax (otro personaje que se beneficia mucho de su interprete, un Dave Batista en continua mejora). En cambio, se sienten un tanto forzadas todas las secuencias relativas a Gamora, tanto en relación con su hermana como, sobre todo con Starlord: ninguna de ellas logra la emoción pretendida. Funcionan mucho mejor las tramas familiares que las románticas.
En el manejo del humor también la película se mantiene continuista, aunque quizás este sea el aspecto en el que "Guardianes de la Galaxia Vol. 2" palidezca un poco respecto al original. No sé si Gunn se habrá crecido, y habrá confiado en exceso en capacidad de humor, pero en esta película a pesar de que hay algunos gags buenísimos, como la excelente secuencia de créditos, que consigue cachondearse la regla no escrita de set piece espectacular de inicio a la vez que la cumple, todas las secuencias que involucran a Baby Groot, o los ya citados momentos que comparten Mantis y Drax. Hay en cambio otros momentos en los que los gags se alargan demasiado, o son directamente prescindibles. Aun así ese exceso de gags, no impide que la película brinde una
reflexión sobre la familia de todo menos tradicional, idea poco esperada del tantas veces criticado de blando cine de superheroes yanqui, que además que la emparenta con el cine de Clint Eastwood (vease "Un mundo perfecto", "Gran Torino" o "Million Dollar Baby"): la familia la forman aquellos  que aunque te enfurezcan, te quieren y te cuidan; a veces te acompañan desde el nacimiento y otras los vas encontrando a lo largo de la vida. Además esa idea un tanto pesimista sobre el tener descendencia como medio para alejar a la muerte, aunque no sea nueva, está bien introducida y planteada y llevada al extremo. El que quiera verlo que lo vea.

Las secuencias de acción están en general muy bien resueltas, con el justo punto entre humor y suspense. Hay momentos que funcionan a las mil maravillas, como la secuencia del motian y la flecha de Yondu, o el enfrentamiento final, Pac-Man incluido, aunque haya otros en el que lo grotesco se apodera en exceso de la pantalla, como el momento de Gamora con el cañón gigante, totalmente prescindible. Unido con este exceso, va también el diseño de producción, ya que pese a todo el dinero invertido, huye en todo momento de la estética de pulcritud extrema y de espacios diáfanos preponderante hoy en día, llenando los fondos de cosas, casi siempre en desorden, lo que le da una pátina de autenticidad a todos los mundos sea interiores (la nave de los contrabandistas) o planeta idílicos (el planeta de Ego). Aquí aflora la faceta más trasht de James Gunn, ya que los mundos ideados para esta saga están más cerca del planeta Asturias de "Acción mutante" que de "2001. Una odisea en el espacio". La película va más allá, relacionando lo aureo y armonioso con lo negativo a través de los repelentes Soberanos. Esto, en los tiempos del minimalismo impuesto por Apple y demás, es más de agradecer que nunca.

La posición privilegiada en la que quedó Gunn tras el éxito a todos los niveles, se hace notar en todo momento, ya que se trata de una película bastante libre y desprejuiciada. Sin embargo, en algún momento aislado, la película se hubiera beneficiado de algo más de contención y concisión: vease la alargadísima y prescindible secuencia del motín, que no aporta nada y se podía haber resuelto en bastante menos tiempos.

De cualquier manera, aunque uno salga no salga de la sala con la misma sensación de éxtasis que te acompañaba tras la primera película (el efecto sorpresa de aquella fue un factor muy importante), es una más que digna continuación. Que vengan más entregas.





viernes, 12 de mayo de 2017

Garrafón.


Una mañana cualquiera en Madrid. En un bar cualquiera, los parroquianos habituales y algunos que no lo son apuran sus consumiciones. Sin embargo, cuando uno de ellos sea abatido de un balazo al salir del bar, todo dará un vuelco.


Varias veces he reiterado mi amor por el cineasta bilbaino, y su importancia capital, por lo menos en lo que a mi generación respecta, en hacer que, con la magistral "El día de la bestia", viéramos el cine español como una cinematografía capaz de ir más alla de la comedia más o menos gruesa y los dramas histórico-panfletarios según la corriente política de turno. En mi caso, me hizo además descubrir mucho cine español que él reivindicaba en cuanto tenía ocasión, que me ha servido para descubrir auténticas maravillas y mostrarme que había mucho más de lo que parecía.

A lo largo de los años su cine habrá podido ser acusado de cualquier cosa (irregular, excesivo, incapaz de dar finales redondos...) pero siempre ha mostrado brío. Por eso me ha resultado particularmente decepcionante este "El Bar". Todo lo que perfila su cine está: un punto de partida explosivo, la obsesión por ambientar las historias en espacios cerrados, personajes que sacan lo peor (algunas, pocas, veces lo mejor) en situaciones extremas, el humor negro a medio camino entre el costumbrismo y la caricatura... Pero no está lo más importante: la pasión. Pese a que algunos de sus guiones tuvieran sus más y sus menos, la convicción con la que el realizador bilbaíno  rueda, logra que sus películas, aunque imperfectas, sean casi siempre interesantes. Aquí no. En sus mejores momentos, la película ofrece corrección (aunque podría ser sido filmada por cualquier artesano competente de esta o cualquier cinematografía) y en los peores, bordea peligrosamente lo tedioso, como ocurre en el alargadísimo tramo final, lleno a demás de agujeros de guión, que se hacen en este trabajo más evidentes que nunca.

No se saca provecho al punto de partida, una suerte de traslación de "La Niebla" (el libro de King y la película de Darabont) a la sociedad ibérica, algo a priori óptimo para que de la Iglesia pudiera desplegar todo su arsenal. Pues es una oportunidad perdida, porque el componente fantástico/paranoico de la trama queda del todo olvidado a partir de la mitad de la película (y esto daba para mucho a poco que se lo hubieran trabajado...), ni tampoco la caricatura de nuestra sociedad resulta tan brutalmente certera como las que realizó en "La comunidad", "Crimen Ferpecto" o "Muertos de risa".

Si acaso alguien salva (parcialmente) la función son los actores. Porque aunque lo primero que viene a la mente a la hora de pensar en  Alex de la Iglesia sea su humor descarnado y salvaje, su ausencia de complejos a la hora de encarar cualquier género y  su gran manejo de las secuencias de suspense y de acción, la gente parece olvidar lo bueno que es eligiendo y dirigiendo actores. El fue uno de los pioneros a la hora configurar repartos que hacían coincidir a figuras emergentes con actores consagrados/semirretirados, algo que con los años se convirtió casi en una constante en cualquier película española. Pero es que además es capaz de exprimir a sus interpretes para hasta lograr de ellos sus mejores trabajos: vease como logró las mejores interpretaciones de la carrera de gente como Sancho Gracia, Hugo Silva, Mario Casas, Carlos Areces, Raphael o Blanca Suarez.

Este año Alex de la  Iglesia estrena película de nuevo, un remake de una película italiana auspiciado por Mediaset. Crucemos los dedos para que este "El Bar" haya sido un tropezón aislado.

sábado, 29 de abril de 2017

¡Como está el servicio!


En Corea, durante la ocupación japonesa de principios del siglo pasado, la joven Sook-Hee, procedente de familia humilde que muchas veces ha estado implicada en asuntos turbios, es contratada por el supuesto Conde Fujiwara para trabajar como doncella de la inestable y adinerada Izumi Hineko. La intención del Conde es hacer tambalearse su ya frágil salud mental para lograr que la ingresen en un psiquiátrico y poder quedarse con su abundante herencia. A partir de aquí se pone en marcha todo un entramado de pasión, mentiras y ambición.

Siguiendo con la cobardía habitual, esta película no llegó a salas en mi ciudad, así que he tenido que verla en mi casa por otros métodos. Una lastima que así haya sido, ya que con lo cuidadas que están tanto la luz como el sonido, seguro que en sala hubiera sido una experiencia aun más satisfactoria. Habrá que agradecerselo a la audacia de los distribuidores y exhibidores...

Tras el acto reivindicativo (que ya se está convirtiendo, tristemente, en una costumbre cada vez que sale por aquí una película que se aleje minimamente de lo comercial), vamos con la película en si misma. Aunque en sus primeros trabajos, el cine de Park Chan Wook tenía cierto componente social, hay están "Joint Security Area" y "Simpathy for Mr Vengeance" para demostrarlo, a partir de la magistral "Old Boy", su cine ha ido haciendose cada vez más alambicado y juguetón. Y si bien es cierto que en las primeras películas en las que dio rienda suelta a esta vertiente fuera de la "Trilogía de la Venganza", lo que parió fueron dos tonterÍas como "I am cyborg" y "Thirst", en su primera incursión norteamericana, "Stoker", se mostró mucho más consciente del tono que necesitaba, ofreciendo como resultado, una de las películas más divertidas de aquel año. En su regreso al cine coreano con "La doncella", mantiene esas constantes, confirmando al coreano como una suerte de Brian De Palma oriental.

La historia de la que se en esta ocasión parte de las formas típicas del melodrama de época, en este caso ambientado en la ocupación japonesa de Corea a principios del siglo pasado, para ir retorciendo la trama hasta convertirla en un thriller erótico. Todos lo requiebros de la historia no persiguen otra intención de jugar con el espectador, y si uno se deja ir de la mano del realizador, la verdad es que la película se disfruta mucho. La factura de la película es impecable, tanto a nivel de fotografía, a cargo del colaborador habitual Chung Chung-hoon, como de la música. El diseño de producción, como corresponde a un film de época bastante
cuidado, aunque algunos escenarios, como la mazmorra están un poco desaprovechados. Chan Wook sigue tan obsesionado en crear encuadres preciosistas  y un punto artificiosos como siempre, lo que convierte el visionado de "La doncella" en una delicia visual. Aunque también es cierto que dicha artificiosidad queda justificada por el tono retorcido y tramposo de lo que se nos está narrando. Unido a esto también está le reconstrucción de escenas a las que vamos asistiendo a lo largo de la película según el personaje que la está narrando: es complicado hacer esto sin que resulte repetitivo, y sin embargo el realizador sabe resolver estos momentos con bastante maña. Sin embargo también hay que reconocer que hay otros momentos en los que el asunto se le va de las manos, alargando en exceso algunas secuencias que se podrían haber resuelto con muchos menos planos con los mismos o mejore resultados (vease las destrucción de la biblioteca, alargada hasta el infinito...). Si la película fuera más corta, pasaría más desapercibido, pero contando que estamos ante una cinta de casi 150 minutos, el resultado se resiente un poco.

Las dos actrices protagonistas, Kim Tae-ri y Kim Min-hee, están estupendas, sobre todo la primera y solventan muy bien momentos tan delicados como las escenas de sexo. Y ya que estamos con el sexo, aunque dichas secuencias son correctas, se desaprovecha la posibilidad de hacer que las secuencias más allá de quedar bonitas y/o excitantes, sirvan para definir más a los personajes.

Como ya he dicho al principio la película se disfruta de principio a fin, es entretenida y visualmente sofisticada, y como divertimento, poca pega se le puede poner más allá. Sin embargo, acaba pecando de intrascendente: no hay nada que vaya más allá de (mucho) entretenimiento. Y eso en un año en el que se presentó una obra maestra como "Elle" que era capaz de saltar del drama al thriller y de ahí a la comedía negra para terminar erigiendose en uno de los más pesimistas y certeros retratos de la sociedad actual vistos en los últimos años, hace que, con el paso de los días, "La doncella" se vaya desvaneciendo un poco. De todos modos, no está el panorama como para ir poniendose exquisito y rechazando propuestas tan entretenidas y sofisticadas como esta.


jueves, 13 de abril de 2017

La isla de los monstruos.


En el año 1973 tras ponerse en marcha la red global de satelites, aparece una isla desconocida. El gobierno norteamericano autoriza una expedición mixta de científicos y militares con la esperanza de poder explotar los posibles recursos minerales de la isla. Y aunque todo apunta que la isla puede ser un lugar referenciado por varias leyendas, nadie imaginan lo que encontraran allí.

La irregular e interesante pero frustrante "Godzilla" funcionó a nivel económico lo suficientemente bien como para que Legendary Pictures se planteara poner en marcha un Universo Cinematográfico compartido (que estudio no aspira a eso hoy día...) sobre monstruos gigantes. Después del reptil japonés, el turno lógico era el de el rey de los monstruos gigantes: King Kong.

Afortunadamente esta película enmienda casi todos los errores que desmerecían la película del monstruo nipón. Aquella cinta, probablemente (mal) influenciada por el cine de Nolan, confundía seriedad con calidad y el conjunto se resentía: si aspiras a hacer algo tan serio, tienes que apoyarte sobre unos personajes bien definidos que cuyas vivencias te interesen, y desde luego no era el caso, con unos personajes planos y un reparto desacertadísimo, más allá del siempre genial Bryan Cranston. En "Kong: La isla Calavera" se ha optado en todo momento por la diversión, sin que eso vaya en contra de la historia, más bien al contrario, ya que se siente más cohesionada y emotiva que la citada "Godzilla".
Ya de primeras es de agradecer que los responsables de la película es que hayan sido capaces deponer en marcha una película sobre el simio gigante dandole su propia personalidad sin traicionar la tradición del personaje, ni caer en el mimetismo nostálgico-cinefilo que desembocó en la tibia recepción que tuvo el "King Kong" de Peter JacksonInciso: Es esta última película mejor de lo que se dijo; lastrada por los excesos megalomanos de un Jackson que por entonces se creía el Rey del Mundo, que confundía duración con importancia, con una primera hora de metraje totalmente innecesaria, y un Jack Black simplemente estrangulable, el balance final de la cinta era positivo, con momentos inolvidables como King Kong persiguiendo rubias por Broadway.
Una de las mejores ideas del ultimo Godzilla occidental era que su diseño huía de todo realismo jurásico para erigirse en una figura mitológica sin correspondencia alguna con la naturaleza. Bien, pues aquí siguen la misma senda: este King Kong, como el primero, tiene aspecto bípedo y antropomórfico, y recupera también de la entrega original (y a día de hoy aun la mejor...) el que sea carnivoro (algunos simios lo son, pero los gorilas no...) para demostrar que no estamos ante un gorila sobrealimentado, sino sobre una suerte de deidad, ajena a toda explicación lógica.
No es la de 1933 la única película previa del primate gigante referenciada, ya que el remake setentero auspiciado por Dino DeLaurentis también se deja sentir. La referencia más obvia es la ambientación en los 70 (entonces contemporanea, ahora evocada), pero en este caso, más allá de la estupenda selección musical, se opta por la versión más oscura de dicha década, aquella marcada por la Guerra Fría, la derrota de USA en Vietnam y el escándalo Watergate. De hecho, la película tiene una interesante carga política (relativa, no olvidemos que estamos hablando de un blockbuster protagonizado por un gorila gigante...) al retratar al ejercito americano como una banda de derrotados sin ningún objetivo en la vida, capitaneados por un hombre aun más frustrado, que focaliza en Kong la rabia por haber sido retirado de la guerra. Y también del remake de Guillermin hereda la avaricia de las grandes empresas como detonante inicial de la trama.
Volviendo con la cinta de Gareth Edwards, la otra idea que mejor funcionaba era que Godzilla se erigía en el defensor último de la Tierra como consecuencia de las actitudes irresponsables de la Humanidad, quedando el ejercito, y la raza humana en general, como auténticos peleles. Aquí también retoman esa idea y la aumentan, convirtiendo, como ya he comentado, a los militares en un problema extra (que roza la oligofrenia algunos de sus miembros: vease la desternillante secuencia del soldado que se inmola...) al que el gorila debe enfrentarse al intentar proteger al planeta de una amenaza mucho mayor. Esto da a la película algunos de los mejores momentos de la cinta, con esos cruces de miradas y reflejos en la pupila que lleva al paroxismo los duelos de miradas mantenidas que creo Leone. Si alguien podía mantener la mirada a un gorila de 30 metros, ese tenía que ser Samuel L. Jackson.
Aquí no hay ningún tipo de recato en mostrar que el gorila desde el primer momento y como tal protagoniza la primera y divertidísima secuencia. A continuación, tras unos estupendos títulos de crédito, que trascurren sobre imágenes de noticiarios cinematográficos pasamos a la tan temida en este tipo de películas presentación de personajes. Afortunadamente este tramo esta resuelto con suficiente desparpajo e ironía como para  lograr unos personajes capaces de no resultar sonrojantes (los que mejor funcionan son los que tiene buenos actores detrás, como el citado Jackson, John Goodman, y John C. Reilly...) y no aburrir hasta la reaparición de Kong. Aquí me voy a extender, porque Vogt-Roberts, que venía de rodar la simpática y sencilla "The Kings of the summer" se descuelga con una de las mejores secuencias de acción vistas en bastante tiempo. Tras atravesar en helicóptero una tormenta que traía al recuerdo la tormenta de arena de  "Mad Max. Furia en la carretera", los exploradores llegan a la isla y se dedican a incordiar a los que allí viven con suspuestos intereses científicos a base de bombas hasta que Kong hace acto de presencia recortado contra el sol del horizonte, en una imagen memorable y un claro homenaje a "Apocalipsis Now". El resto forma ya parte de las mejor secuencias que ha brindado el cine de monstruos gigantes.

A partir de aquí la película logra mantener con bastante tino el tono aventurero. Lo primero que es de agradecer es que el realizador ruede los bellos parajes vietnamitas con sentido de la maravilla y logrando que generen auténtica sensación de descubrimiento y de maravilla, un talento algo perdido hoy en día, en el que la infografía se ha convertido en algo tan andar por casa, que ha hecho que se ruede igual la visita a un mundo fantástico que un paseo campestre. Y otro punto a favor es que consigue transmitir con éxito la sensación la sorpresa sienten los protagonistas al ver cosas como bueyes gigantes o arañas monstruosas: es un mundo desconocido en el que el paisaje más bello puede virar en trampa mortal (el estupendo y sangriento ataque de la araña) y el bicho más aberrante puede albergar una inesperada paz (los citados bueyes o el tronco viviente). Hay momentos en los que se trabaja aceptablemente bien la atmosfera, como todo la llegada al cementerio de huesos, y otros en los que la cosa se desmelena en aras del entretenimiento descerebrado, a la altura del Zack Snyder más desatado (o sea el de la incomprendida y muy estimable "Sucker Punch"). Todo ello sin renunciar en ningún momento al sentido del humor, a ratos negro y lleno de mala y otros que convierten a la cinta casi en un slapstick surrealista.

Si hay que buscarle algún fallo a la película ese sería que se deja de lado la faceta trágica y romántica del personaje. En lo relativo a lo primero, si que es cierto que se insinua en momentos como ese que vendría a ser la versión monstruosa de la ya típica imagen del policía inadaptado pero obsesionado con su trabajo que come comida basura solo ante la televisión: sin saberse observado por un hombre, el simio se dedica a comerse, en soledad y con la mirada perdida, un pulpo que previamente le ha atacado (¿un homenaje a "Old Boy"?). Pero hay queda la cosa. Y en cuanto a la debilidad de Kong por las mujeres jóvenes y hermosas, también aparece por ahi, pero como no se lo han trabajado previamente, queda como un pegote impuesto por la mitología del personaje. Ya puestos a innovar, podían haber elevado la apuesta y convertir a Kong en una suerte de monje ermitaño y celibe, comprometido con la protección de la isla y ajeno a toda tentación carnal. Otra  vez será...

Todo ello muy perdonable, ya que no empobrece el conjunto de la que es desde ya una seria candidata a la película más entretenida del año. Ojala el próximo Godzilla y las películas futuras del Monsterverso (atención a la secuencia postcréditos) sigan este camino.




viernes, 31 de marzo de 2017

Elige vida.


Más de 20 años después de  huir a Amsterdam dejando a sus amigos en la estacada y quedandose todo el botin logrado en un chanchullo, Renton decide regresar a su Edimburgo natal para intentar retomar su vida y recuperar a su gente.

Sorprendentemente, "T2: Trainspotting" esta pasando enormemente desapercibida, y es una pena, porque estamos sin duda antes una de las películas del año: una vacuna en toda regla contra tanta secuela tardía nacida a hombros de la nostalgia. Si alguien esperaba una reunión de amigos del instituto reencontrados via Facebook, plagada de buen rollo y alegría por reencontrarse, que se prepare para un guantazo en toda regla. Lo que han parido Danny Boyle, Irvine Welsh y compañía es una reflexión bastante desmitificadora sobre la nostalgia y el peligro de querer recuperar el tiempo pasado.

Hace 21 años, estando aun en el instituto, fui a ver esta película con el que entonces era uno de mis mejores amigos. Los dos salimos alucinados,  aunque quizás no del todo conscientes de que habíamos visto una de esas películas que marcaron a nuestra generación como para otras lo fue "El graduado", "Easy Rider",  "El club de la lucha" o "La naranja mecánica". Eso lo confirmaría el paso de los meses y los años cuando la leyenda de esta película fue creciendo en camisetas, posters, discos y demás. Y tenía toda la lógica, ya que esta película ofrecía un relato generacional cruel y descarnado, pero a la vez divertido y emotivo. Y a pesar de lo que muchos perezosos vieron en su día, se trata de uno de los mayores alegatos cinematográficos contra el consumo de drogas jamas realizados.


Cuando unos años después Irvine Welsh publicó "Porno" que continuaba la vida de estos personajes,  se empezó a oír que quizás había posibilidad de que fuera adaptado al cine retomando todo el equipo original... Pero todo quedó en nada, para mi tristeza. Sin embargo hace un par de años se empezó a hablar en serio de esta secuela, con McGregor y Boyle reconciliados tras años sin hablarse, y con Welsh implicado. Y ha sido mejor así, ya que ese reposo de diez años ha permitido dejar de lado la trama de "Porno" (libro recomendable, que mejoraba el original, pero que quizás era demasiado coyuntural a la época en la que fue escrito...) y convertir este reencuentro de personajes en algo mucho más interesante.

En los tiempos de recuperación de ¿glorias? pasadas que vivimos, es elogiable haber presentado esta película, que dinamita esta tendencia desde dentro. Cierto es que los 20 años que han pasado no les han hecho ningún favor a ninguno de los personajes: solo han hecho que confirmar que ese futuro sin expectativas que les empujó a engancharse al caballo, se ha cumplido de la peor manera posible. La heroina les quitó muchas cosas: hijos, amigos, madres, juventud... pero por lo menos les exigía implicación y fidelidad (el "auténtico y sincero enganche a la heroina" del que hablaban en la película original...). En el mundo actual, lo que te mantiene narcotizado y te hace alejarte de lo importante, te atrapa sin que te des cuenta y encima te sientes agradecido por ello y lo compartes en las redes sociales. Esto queda muy bien reflejado en dos momentos. El primero de ellos es el regreso de Renton a Edimburgo después de dos decadas. El protagonista observa con mirada alucinada desde el tranvía lo lejos queda la ciudad húmeda y grisacea en la que vivió su drogadicción; ahora todo esta pasteurizado e invadido por franquicias que homogeneizan todas las urbes del planeta. Y el otro es el monologo de "Elige vida/Choose life". Lo que en principio podía haber sido un peaje a pagar (a fín de cuentas se trata de uno de los momentos más famosos de la película original, reproducido hasta la saciedad en todo tipo de medios) por realizar esta secuela, se torna en algo muy distinto. Y es que no solo aclaran que la frase es una broma que Renton y Sick Boy adoptaron como mofa a una campaña antidrogas ochentera(un apunte malvado: las imágenes que sirven para rememorar esa campaña en la película muestran el eslogan en una camiseta vestida por el recientemente malogrado George Michael, que tuvo muchos problemas con las drogas...), sino que ya inmersos en el siglo XXI, la nueva letanía es una plasmación de los terrores consumistas/idioitizantes que preludiaba el de la película anterior.
Pese a todo, el hecho del que el presente sea una mierda, contrariamente a lo que tendemos a creer los seres humanos, no hace que el pasado sea mejor. De hecho la nostalgia del pasado es mostrada en la película como una losa que pesa sobre los personajes, casi como una maldición. Si algo impide que los personajes crezcan y avances, es ese afán por vivir en lo pretérito y negarse a evolucionar: el que Sick Boy sea el dueño del pub en el que pasaron su vida adolescente; el que Begbie continue empeñado en ser un delincuente con tendencias psicopáticas; la inquebrantable adicción al caballo de Spud; o el vacío que siente Renton tras el fracaso de su proyecto de vida en Londres. La adicción al pasado, de hecho, les hace más daño que la de las drogas: ahí está el hecho de que dos de los personajes se inyecten heroína en un momento dado sin mayores repercusiones... Pero no son ellos los únicos adictos a la nostalgia: hay está la terrorífica (y terriblemente realista: he visto algunas por aquellas tierras...) fiesta revival: hombres y mujeres de más de 30 años vestidas con uniforme colegial por aquello del morbo teen, y la música de baile ochentera y noventera como coartada para follar, emborracharse y drogarse sin miramientos.
Sin embargo, pese a repudiar la nostalgia, la película adopta en ocasiones un emotivo tono melancólico, a través principalmente del personaje de Spud, pese a su desastrosa vida, el más sensible y perspicaz observador de todos ellos. Él es que el aporta las más emotivas y agudas secuencias al relato. Pero además es el único que toma el pasado no como algo sobre lo que revolcarse, si no como soporte sobre lo que auparse y superar la vida que lleva. El destino de este personaje además aporta un interesante giro metanarrativo a todo lo que nos han contado las dos películas que enriquece el díptico.

La realización de la Boyle es más compacta, y se aleja un poco de la narrativa basada en anécdotas que tenía la entrega pretérita. Cuando evoca/rememora momentos de ella no lo hace para complacer al público, sino que siempre presenta un giro que enrarece la situación, como el ya comentado sobre el monólogo de "Elige vida". El realizador escoces juega bastante con las texturas de la imagen a la hora de evocar los recuerdos, pero sin tantas estridencias sonoras ni visuales con afan provocativo como en "Trainspotting": en la vida de los personajes tampoco hay lugar para ellas. Aunque eso no quita para que sea capaz de elaborar de manera más sugerente de lo que parece algunas ideas, logrando
un toque cuasi fantástico. En un momento dado, Renton, en la habitación en la que vivió aquel pesadillesco desenganche a la heroína tiempo atrás, pone aquel "Lust for life" de Iggy Pop que quedó indisolublemente ligado a la primera película. Pero al apoyar la aguja en el vinilo, los primeros compases de la canción hacen que se asuste y apague el tocadiscos de inmediato, como si estuviera invocando una fuerza maligna e incontrolable. Al final de la película, Renton regresa a la casa de sus padres y se instala de nuevo en la citada habitación, y esta vez no puede resistirse a pinchar "Lust for life". Conforme va sonando la música, la cámara se aleja, y el cuarto con Renton bailando espásticamente se va convirtiendo en una luz lejana al final de un tunel:  tras toda la película intentendo resistirse a ello, finalmente invoca la maldición y queda atrapado (de manera voluntaria) en el lugar donde vivió sus peores pesadillas. Una brillante metáfora visual que hace replantearse un poco la película, y que a mí, salvando las distancias, me recordó al final de la magistral "Mystic
River" de Clint Eastwood.

Por cierto, por si alguien se lo pregunta, ya no sé casi nada del amigo con el que fui a ver la película, pero creo que tiene dos criaturas y está separado. Yo soy padre de una niña (y otra que viene) y tengo mucho menos pelo que entonces. Y los cines en la que la vimos hace más de 15 años que no existen. Esta la vi con mi querida hermana en los multicines de un centro comercial. Choose life.